Una Nit d’Ópera

Idea

Durante los años que representamos Cegada de Amor, haciendo esas entradas y salidas rápidas desde la pantalla, mucha gente curiosa nos pedía si sería posible ver el espectáculo por detrás. Era tanta la gente que nos lo decía que terminamos poniendo sillas tras la pantalla para poder ver la función. Durante los cinco años que duró la explotación de Cegada de Amor, casi siempre había una hilera de sillas con gente que miraba las maniobras de los actores por detrás del escenario. De aquí vino la idea de hacer Una Nit d`Òpera. Como en otros espectáculos, es un homenaje al teatro o, mejor dicho, un homenaje a una manera artesana casi en extinción de hacer teatro; a partir de la forma en que nosotros aprendimos de pequeños: con los decorados de papel, los envarillados, las cuerdas, los telares, etc.

Esta vez lo hacemos utilizando la Ópera como decorado de fondo. Este género vendría a ser la catedral del teatro: cuando piensas en un teatro de ópera, por su grandiosidad, siempre lo relacionas con la brillantez, el lujo, el oropel. La ópera está de moda: en los últimos años se han recuperado varios teatros, templos fastuosos, a los que todos hemos contribuido y contribuimos. Es una lástima que la ópera guste tan poco o, mejor dicho, qué lástima que la “gran masa” conozca este género ¿Por qué no nos interesamos lo suficiente por una cosa de la que sólo sabemos que: “es eso que se nos ha dicho que es aburrido y dónde las cantantes son gordas?”

Precisamente por eso una organización llamada “Òpera a l’abast” (“Ópera a su alcance”), que reúne a diferentes asociaciones de amigos de ópera de toda Cataluña, ha puesto en marcha una campaña para acercar la ópera a la gente de la calle con el título genérico de “Una Noche de Ópera”. “Òpera a l’abast”, aprovechando la situación de que un ficticio Gran Teatro de la Ópera programa Aída de G. Verdi, pone en marcha esta campaña que consiste en dar la oportunidad de que por una módica suma de dinero, -lo que vale generalmente una entrada de teatro- puedan ver a cambio una ópera de las características de Aída.

 

Argumento

El público, entrada en mano, se dirige a la puerta principal del teatro. No lo dejan entrar. La entrada que muestran es de las baratas. Tendrán que acceder por la puerta de atrás. El público, conducido por monitores de “Òpera a l’abast”, da la vuelta a la manzana entrando por la parte de atrás y siguiendo un recorrido por diferentes partes del teatro: pasillos, camerinos, escenario, hasta llegar a una hipotética platea cubierta de sábanas blancas y con aspecto de usarse poco. Alguien del público se da cuenta de que esa no es la platea principal del teatro y pide explicaciones. Se les informa que se encuentran en la parte posterior del teatro en una sala que se usa únicamente para ensayar y que desde allí podrán ver la ópera. La sala principal está ocupada por un público entendido que ha pagado una entrada seis veces más cara que la suya. El público vuelve a protestar y recibe, como consuelo, el consejo de los empleados del teatro -maquinistas, utileros, peluqueros, sastres, porteros- para que se queden y gocen del espectáculo, tanto como gozan ellos cada noche. Allí no sólo aprenderán qué es la ópera, sino que además, al verla por detrás, gozarán de un espectáculo insólito e interesante. El público lo acepta y se queda.

Suena la orquesta. Empieza la representación de Aída. Al fondo se levanta un telón y aparece un patio de butacas lleno de público. Los cantantes empiezan a cantar de espaldas al público. A partir de ese momento la ópera seguirá de dos modos distintos: por detrás, a través de lo que deja entrever un ciclorama transparente y, por delante, por medio de unas imágenes que emiten unas pantallas gigantes, que son como los monitores de seguimiento que encontramos en todos los teatros. De esta manera el público puede ver toda la magia teatral puesta del revés. Es como si viéramos el espectáculo por un agujero, viendo cómo se usan los trucos teatrales, cómo suben y bajan los decorados, cómo se prepara la utilería, cómo se dan los últimos toques al vestuario, la peluquería o el maquillaje…

El público puede palpar el esfuerzo y el amor que le ponen las personas que aman su profesión. También tienen la oportunidad de observar cómo se solucionan los contratiempos, aparentemente sin que se note, llevando la función hasta el final. Según los trabajadores es la regla de oro en toda representación.

Sin embargo este día y por una serie de circunstancias hay más problemas de la cuenta, hasta tal punto que peligra la función. Todos los trabajadores se remangan y piden la colaboración del público, que finalmente acaba haciendo de soldado, de sacerdote y hasta de cantante de ópera. Como premio por esta ayuda, el público recibe a cambio por parte de los empleados todo tipo de suculentas explicaciones, cotilleos, “dimes y diretes” y todas las “maravillas habidas y por haber” del mundo del teatro y de la ópera. Entre explicación y explicación y animándolos a que conozcan la ópera -un patrimonio que les pertenece- la representación llega a su fin. Todos juntos, sin darse cuenta, han participado en el rito efímero que es una representación.

Suena la última nota de Aída. Baja el telón. Se escuchan los aplausos de la sala principal. De repente, los decorados dan la vuelta -todo lo que se veía por detrás se ve ahora de cara- y todos los cantantes acaban cantando al público del otro lado, al público de “Òpera a l’abast”, el número final. La representación ha finalizado.

ESTRENO: 12 de junio de 2001 en el Teatro Tívoli de Barcelona

LUGARES DONDE SE HA REPRESENTADO: Barcelona

PERÍODO: Del 12 de junio de 2001 al 15 de setiembre 2002

FUNCIONES: 420

ESPECTADORES: 250.000

GUIÓN: Jordi Milán

REPARTO:
Jaume Baucis
Xavier Tena
David Ramírez
Neus Sanz
Esther Soto
Meritxell Huertas
Olga Fibla
Mònica Pérez
Ota Vallès
David Fernández
Toni Torres
Domingo Calvo
Carles Díaz
Xavier Siles

FIGURANTES:
Rut Camps
Joan Coll
Jaume Gómez
Albert Gràcia
Marçal Maixenchs
Francesc Parra
Pepa Porta
Pol Quintana

DIRECCIÓN: Jordi Milán

 

Ficha técnica

Asesor guión temas operísticos: Ignacio Aranaz
Escenografía: Castells Planas Jordi Bulbena
Realización y pintura decorados: Castells Planas
Caracterización y creación cascos pelucas: Joan Alonso
Vestuario: Cristina López
Vestuario Ópera: Cristina López, Andreu Sánchez
Utilería: Xavi Tena
Diseño y realización vídeo dibujos animados: Víctor Luna – Animandus
Diseño gráfico: Raúl Pascuali – Dockland
Coreografía: Leo Quintana
Diseño de iluminación: Keith Yetton (A.A.I.), Glòria Montesinos (A.A.I.)
Diseño de sonido: Marc Sardà
Adaptación musical Ópera: Gregorio Salvador Rodríguez
Música y letra canción final: Joan Vives
Ayudantes de dirección: Carol Verano, Jaume Baucis, Xavi Tena
Producción ejecutiva, promoción, prensa y esponsorización: Victòria Sanz
Idea y dirección de todo el espectáculo: Jordi Milán
Ayudante de producción y prensa: Àgia Luna
Auxiliar de producción y secretaria: Laia Royo
Administración: Natàlia Morillas
Efectos especiales de la Ópera: Mag Lari
Prótesis: Margarit
Montaje retroproyección: Josep Mª Marín
Construcción estructuras: Pascualín, S.L.
Sonorización: PRO3 & Co.
Equipo audiovisual: RGB
Coordinador técnico montaje: Angel Márquez
Realización vídeo: CAPA LatAm
Fotografías: Xavier Pastor
Equipo vestuario: Paco Calvet, Lolita Cloquell, Marcella Frediani, Juan Conesa
Maquillaje y peluquería: Joan Alonso
Postizos: Damaret, Carles Montosa
Regidora: Sílvia Martorell
*Tito Lucchetti sustituye a Sílvia Martorell
Técnico de sonido: Ezequiel Pocchettino
*Jordi Blanco sustituye a Ezequiel Pocchettino
Técnico de luces: Robert Garriga

La Ópera AIDA fue interpretada por:
La Orquestra Sinfónica de la Filarmònica de Moscú
Dirigida por Vladimir Ponkin

Solistas
Marina Karpechenko – 1ª Aida
Ekaterina Nefedova – 2ª Aida
Elena Okolissheva – 1ª Amneris
Olga Tereshnova – 2ª Amneris
Sergei Donetz – 1r Radamès
Nikolay Dorozkin – 2n Radamès
Konstantin Khristov – Faraó
Sergei Toptigin – Ramfis
Andszei Beletsky – Amonasro
Olga Zirova – Sacerdotessa

Coro ÓPERA HELIKON
Dirigido por Tatjana Gromova

Agradecimientos:

Teatre de la Passió d’Olesa
Auditori de Cornellà
Teatre Nacional de Catalunya
Gennady Dzubenko
Al Víctor
Marcel Garriga
Angel Gasch

Fotografías
Audio

Ha sido el espectáculo más complejo de todos los que hemos hecho y, aunque sólo se representara en el Teatro Tívoli de Barcelona, también generó anécdotas:

La Música de Aída se grabó en Moscú. Para el papel de Aída se escogieron dos sopranos, una para dar voz a Renata Pampanini y otra para dar voz al personaje de su sustituta. Un día llegamos al ensayo y la soprano sustituta estaba ensayando el aria ¡Oh Patria mía! Era una chica joven con una voz prodigiosa y lo bordaba. Aún recordamos la cara de la joven cuando le dijimos que el ¡Oh Patria mía! lo tenía que cantar mal y tenía que hacer gallos. No podía creérselo. Al final, acabó haciendo unos gallos maravillosos.

Una de las cosas más curiosas y por la que parte del público se enfadaba era por el hecho de no dejarles entrar por la entrada principal del Teatro Tívoli de Barcelona. Los personajes que interpretaban los monitores de “Òpera a l’abast” se encargaban de explicar que con esa entrada, mucho más barata, tenían que de acceder por la puerta de atrás. Un día, al decirles lo mismo a unas señoras, éstas se enfrentaron al portero y le dijeron: “¿Si estas son de las baratas, cuánto cuestan las caras? -“20.000 pesetas” respondió el portero-. La señora se dirigió a las taquillas de nuevo y dijo a la taquillera: “¡Deme dos entradas de 20.000 pesetas!” La taquillera no sabía qué decir… al final y comportándose como una gran actriz le dijo: -“Lo siento señora, de las de 20.000 están agotadas… aunque yo les aseguro que con éstas que llevan a pesar de ser de las baratas lo verán muy bien».

Celebración de un año en cartel de “Una nit d’Òpera” en el Teatro Tívoli de Barcelona

Se invitó gratuitamente a ver la función a las mil primeras personas que al abrir las taquillas estuvieran en las puertas del Teatro Tívoli. La cola era tan larga que ésta, una hora antes, daba la vuelta a la manzana. El público, al final de la función, recibió con grandes honores a Renata Pampanini, quien invitó a todos a salir a la calle y celebrar una fiesta con una gran mesa con cena fría y pastel de aniversario incluido. La Renata animó al público a cantar el “Cumpleaños feliz” y a participar en una “soplada” colectiva de las velas del pastel.
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